LAS MADELEINES de Marcel Proust

Para tí Madeleine Jeanne!!!!!!!!!!!!!!!!!

Las magdalenas, o madeleines en francés, pasaron a la historia de la literatura universal gracias a Marcel Proust. Se dice que Proust regresó un día a su pueblo natal y, como cuando era pequeño, pidió magdalenas para desayunar. Cuando iba a comer la primera magdalena, con una taza de té, asoció el sabor, la textura y el aroma de la magdalena con ese mismo estímulo vivido años atrás, en la niñez. Cuentan que este fue el motivo que lo impulsó a escribir “À la recherche du temps perdu”. Con ello, una vulgar magdalena se ha convertido en el símbolo proustiano del poder evocador de los sentidos.

Aquí tenéis uno de los fragmentos más conocidos y nombrados de “En busca del tiempo perdido”, de Proust, que tiene lugar en el primer volumen, “Por el Camino de Swann”, que hoy día se le valora como uno de los trabajos literarios más valiosos del siglo XX:

“Hacía ya muchos años que no existía para mí de Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme, cuando un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té. Primero dije que no, pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llama magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? (…)

Espero que estas “pequeñas madeleines” os produzcan tantos placeres como a Marcel Proust. Aquí va la receta

INGREDIENTES:

3 huevos a temperatura ambiente
100 gr. harina de repostería
125 gr. azúcar glass
115 gr mantequilla sin sal
1 pizca de sal
1 cucharadita de Royal
1 cucharadita de extracto de vainilla

PREPARACIÓN:

Derretir la mantequilla y reservar a temperatura ambiente.
Tamizar la harina, la levadura y la sal , 30’’ vel 6 y reservar.
Introducir, los huevos y el azúcar, colocar la mariposa y programar 5’, vel 3 1/2. El último minuto añadir el extracto de vainilla.
Añadir la harina suavemente con la mezcla de los huevos 5’’ velocidad 3, mezclar (no batir) , si es necesario terminar de mezclar a mano con una espátula que no sea de metal.
Añadir suavemente a mano la mantequilla derretida en 3 veces.
Tapar la mezcla y dejar reposar en la nevera un mínimo de 30 minutos, o varias horas.
Precalentar el horno a 200º
Poner mantequilla en los moldes de las magdalenas.
Con una cuchara echar una buena cantidad de la mezcla en el centro de cada moldecito de magdalenas dejando un montecito en el centro esto resultará en su apariencia abultada. (no intentar alisar la mezcla moviendo el molde)
Hornear aproximadamente de 11 a 13 minutos, a 200º los primeros 7 minutos luego bajar a 180º los minutos restantes, hasta que los bordes estén dorados. No dejar demasiado tiempo en el horno, resultarán secas.
Desmoldar y enfriar en una rejilla.
Servir espolvoreadas de azúcar glass.

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